Cosas que hacer con tus labios
(Tribuna Universitaria, 24nov08)
(para tu boca roja las letras, y para ti entera el resto de palabras)
A veces no sé qué hacer con tus labios. Si admirarlos, como un niño, desde fuera, con las manos pegadas al escaparate de tu cuerpo hasta hollarte con la imaginación mis señas dactilares. Si colarme por ellos, furtivo. Hacerte un butrón epidérmico, alunizar-te por sorpresa y anexionar con nocturnidad todo su territorio. Y reclutarlos así, impunemente, para mi cueva de los cuarenta ladrones y las cuarenta noches, en un atraco convertido en atracón: comérmelos lentamente hasta hacerte olvidar entera la memoria del chocolate con naranja.
Sería mi pequeña venganza, porque siempre tus labios me estallan en los labios con tal virulencia que no sé si entrarte en guerra o besarte por bandera una bandera blanca y arriba las manos y alto el fuego. Porque me escapan el tiempo en un suspiro y en lo que respiro hondo me has dejado sin palabras; y otra vez tus labios hablan sin decir nada apenas y ni siquiera de nada dicen por las gracias que voy soltando de ellos a los cuatro vientos.
A veces, ya te digo, no tengo ni idea de qué hacer con tus labios. Si cocerlos al dente, si especiarlos al pesto, si preparar un puchero a fuego lento y mientras tanto babear en vano. Ya sabes que mi saliva en tus labios es el epíteto de la humedad y entre ellos nuestros dedos de chuparse los dedos alimentan el rubor de las extrañas en marquesinas de autobús, cafés del centro y portales. Y en carreteras provinciales: tus labios en curva peligrosa frente a mi lengua en S fricativa dispuesta a pronunciarte el final de todos los límites de velocidad mientras vemos la luz detrás del túnel. Mientras postulo que en tus labios conviven el principio y el final de los cuentos, y se te resumen en los bordes las moralejas. Pero no los manuales de instrucciones para poder con ellos.
Así que lo que se me ha ocurrido este lunes es dedicarles un lunes de trapo, a tus labios, que hasta aquí chiva por los pasillos de tu facultad todas las travesuras que compartiría con ellos si te saltaras a la comba las clases y vinieras a verme.
Y qué decir de lo que haría con los de tu boca.
Sería mi pequeña venganza, porque siempre tus labios me estallan en los labios con tal virulencia que no sé si entrarte en guerra o besarte por bandera una bandera blanca y arriba las manos y alto el fuego. Porque me escapan el tiempo en un suspiro y en lo que respiro hondo me has dejado sin palabras; y otra vez tus labios hablan sin decir nada apenas y ni siquiera de nada dicen por las gracias que voy soltando de ellos a los cuatro vientos.
A veces, ya te digo, no tengo ni idea de qué hacer con tus labios. Si cocerlos al dente, si especiarlos al pesto, si preparar un puchero a fuego lento y mientras tanto babear en vano. Ya sabes que mi saliva en tus labios es el epíteto de la humedad y entre ellos nuestros dedos de chuparse los dedos alimentan el rubor de las extrañas en marquesinas de autobús, cafés del centro y portales. Y en carreteras provinciales: tus labios en curva peligrosa frente a mi lengua en S fricativa dispuesta a pronunciarte el final de todos los límites de velocidad mientras vemos la luz detrás del túnel. Mientras postulo que en tus labios conviven el principio y el final de los cuentos, y se te resumen en los bordes las moralejas. Pero no los manuales de instrucciones para poder con ellos.
Así que lo que se me ha ocurrido este lunes es dedicarles un lunes de trapo, a tus labios, que hasta aquí chiva por los pasillos de tu facultad todas las travesuras que compartiría con ellos si te saltaras a la comba las clases y vinieras a verme.
Y qué decir de lo que haría con los de tu boca.
Comentarios
d.
El final... bueno, ya sabes lo que pienso, me enamora tu prosa.